A Hiroshima y Nagasaki
Era una mañana soleada, las nubes habían desaparecido
dando paso a un hermoso cielo azul.
El viento, entre todos los ruidos, traía un rumor de hélices.
No era raro, aviones iban y venían en absurda guerra.
Podríamos decir que fue hermoso, podríamos hablar maravillas
de la ciencia y de los hombres que la hacen posible, pero...
¿Cómo hablar aquella mañana de la vida y la belleza?
Era un ave gigantesca precipitándose sobre su presa,
depositando un enorme, gigantesco huevo
sobre un nido inmenso y no imaginario.
La luz cegó todo...vidas, vidas, vidas.
Que era necesario, que fue...por lo que fuera;
aún nos ciega el luminoso hongo de agosto.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario