Nuestras manos se buscan, bebemos de nuestros labios
y de las calles nuestras brotan niños harapientos.
Eso que llamamos miseria,
se interna muy dentro y nos desgarra.

No hemos matado y la sangre en nuestras conciencias.
Nuestros cuerpos, nuestras ansias,
caballos desbocados en busca del amor.

Nos acompañan la noche, los viejos olivos,
también las penas y esta ya vieja tristeza.
Nuestros cuerpos, nuestras ansias;
aún caminas en mis sueños,
y sé que nos es tiempo de amor, tiempo de rosas.

Tiempo de rosas será...cuando la alegría,
vestida de niño, camine por nuestras calles,
cuando nuestra tierra no esté regada en sangre,
cuando de nuestro jardín la mala hierba sea arrancada
y, en él, puedan crecer nuestras mejores flores.

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